martes, 28 de abril de 2009

Somos animales de costumbres

En un post anterior hablaba del factor psicológico y no le había dado la importancia que ahora veo que realmente tiene.
Imaginemos algo que realizamos habitualmente, como podría ser, ir desayunar al bar que tenemos en frente al trabajo. Así que, como todas las mañanas, nos encaminamos al trabajo y ya estamos pensando en el rico café, calentito, ese que nos termina de despertar. Pero esta mañana encontramos el bar cerrado. Lo primero que sentimos es frustración y enojo. ¡¿Cómo puede ser que no esté abierto aún el bar?!
Las costumbres, los hábitos, los vicios, son ritos que efectuamos automáticamente, no necesitamos pensar en ellos, siempre son iguales. A nuestra mente le gustan, no necesita esforzarse, ni preocuparse, son cómodos, seguros y le permiten mantenerse relajada. Al intentar cambiarlos nuestra mente se resiste, exactamente igual que lo haría nuestro cuerpo si lo sometiéramos a actividades diferentes a las que estamos acostumbrados. Así que aquí tenemos un paralelismo, la mente es un músculo. Si la dejamos se agarrota y todos los esfuerzos extras la agotan.
A un músculo, antes de someterlo a una actividad física, se lo debe preparar, calentarlo, estirarlo. ¡Hagamos igual con nuestra mente!

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