martes, 17 de febrero de 2009

En pie de Guerra - ¡A por el resto!

Dedicamos mucho tiempo de nuestras vidas a conseguir dinero, y ya que estamos en plan de hacer esfuerzos, hagamos uno más y dediquemos un poco del tiempo restante a investigar en que podemos seguir ahorrando.
El Banco.
Todos necesitamos una cuenta en un banco, ya sea para cobrar la nómina, o para domiciliar recibos. En el mismo paquete el banco suele ofrecer una tarjeta de débito para operar por el cajero, otra de crédito para organizar tus compras y seguramente una línea de crédito pre-aprobada por si algún día te hiciera falta. Así que ahora siendo cliente del banco “tal” te has comprometido a mantener dinero en la cuenta para atender los recibos, las compras a débito o crédito, el mantenimiento de cuenta y la renovación de las tarjetas, porque sino, te van a cobrar “gastos de posición deudora”, “gastos de devolución de recibos”, “notificaciones”, “punitorios”, “intereses”, y un largo etcétera que dependerá del banco con el que trabajes.
De vez en cuando nos cuesta llegar a fin de mes, así que para atender todas estas obligaciones vamos tirando de tarjeta y de créditos. El banco contento porque ya nos tiene atrapados por un buen tiempo.
Luego queremos comprar nuestra casa, firmamos la hipoteca con otro banco que nos da una mejor financiación, así que abrimos otra cuenta. Como en la anterior aún tenemos domiciliados los recibos y nos quedan algunas deudas por saldar, no la cerramos. Hemos duplicado nuestros gastos bancarios.
¿Qué hacer?, las soluciones son muchas y variadas, y dependerán de los bancos con los que ya operes y de cuales estén en tu zona. En casa nos hemos decidido por operar con dos cuentas, una dónde tenemos la hipoteca y otra para el resto, de cada una hemos rescatado lo mejor. La “Cuenta Nómina” de Ing, que es gratuita, esto es, no te cobran por mantenimientos ni por renovación de las tarjetas, las transferencias nacionales son gratuitas y además devuelven el 2% de los principales recibos. Y la “Cuenta Con” del Banco Popular, tiene un mantenimiento de 6 € al mes, no cobra por la renovación de las tarjetas, las transferencias nacionales son gratuitas, te devuelve el 3% de los principales recibos durante el primer año, te permite un descubierto de hasta un sueldo con un máximo de 1.800 € y las tarjetas de crédito te devuelven un porcentaje sobre el valor de tus compras.
Y con respecto a la hipoteca. Es obligatorio tener contratado un seguro de hogar por el continente aunque no es forzosamente necesario que sea en la misma entidad donde tienes tu hipoteca. Asegurate además que en la próxima revisión el monto asegurado se corresponda con el valor actual de tu propiedad y no con el valor que tenía cuando empezaste a pagar por ella. Uno de los pocos efectos positivos de la crisis, te ahorraras algunos euros más al año.
Otro truco gratis. Para no olvidarnos de los vencimientos usamos el “Google Calendar”, si tienes asociado un número de móvil a tu cuenta Google puedes recibir avisos SMS gratuitos de tus próximos compromisos.
Las compras
Sobre esto ya se ha escrito mucho. Todos sabemos que las marcas propias del establecimiento, llamadas “marcas blancas”, suelen tener la misma calidad que otras más reconocidas. Esto es así porque el producto en realidad es el mismo. Así es, el establecimiento permite a determinadas marcas lugares de privilegio dentro del local a cambio de una cantidad del mismo producto con la marca propia.
Así que algunos trucos para ahorrar en la compra serían: comprar marcas blancas; planificar la compra tipo “ataque comando”, esto es, entrar, comprar lo que hace falta y salir; ir después de comer, el estómago vacío es mal consejero; pagar con una tarjeta de crédito que haga descuentos sobre la compra y siempre con pago a fin de mes, nada de financiar.
Y por último informarnos, "¡la información nos hará libres!", visita páginas sobre consumidores y sobre ahorro, yo suelo mirar la web de la revista Consumer.
Se que existen muchas más cosas en las que podemos ahorrar, el coche, solo como ejemplo y por nombrar una, pero deberán quedar para más adelante. Espero tus comentarios y sugerencias, un saludo.

martes, 10 de febrero de 2009

En pie de guerra - los gustillos

El segundo objetivo, “los gustillos”, es más difícil de llevar a cabo. Todos sabemos que gastamos de más pero nos cuesta horrores tener la fuerza de voluntad para negarnos esos caprichos. Además nuestra percepción es siempre a corto plazo. ¿Qué mal puede hacernos a nuestra economía un cafécito más o menos, si solo cuesta 1,20 €?. Muy bien, soy de la idea de que para progresar hay que sumar y multiplicar en lugar de restar y dividir, así que sumemos y multipliquemos.
Un café con un bollo de desayuno, 2,40 €; un café después del almuerzo, 1,20 €; una cervecita antes de cenar, 1,40 €, otro cafécito más un chupito después de la cena, 2,20 €, total 7,20 € al día; por 20 días al mes, 144 €; que al año son..., ¡¡¡1.728 €!!!. ¿Te imaginas que vacaciones te puedes tomar con ese dinerito extra?. Te invito a que hagas tus propios cálculos y me comentes tus conclusiones.

Muy bien, sabemos que esto será difícil así que compartiré contigo las herramientas que conozco. Aquí van algunos “truquillos”.
Fíjate un presupuesto, ya sea diario, semanal o mensual y no te pases de el.
Paga siempre en efectivo, ver como el dinero se va duele más, cuando se acaba tienes que ir a un cajero a por más. La tarjeta es indolora y traicionera.
Lleva 5 €, en el bolsillo derecho y el resto en la cartera. Ese es tu tope de gasto diario, si al final del día queda algo va al bote y vuelves a poner un billete de 5 € en el bolsillo derecho. Por supuesto los 5 € son solo a modo de ejemplo, pon en el lo que consideres necesario.
Anota todos los gastos en una libretita, este truco en realidad lo recomiendan pero a mí me da pereza, sabrás en que gastas el dinero y podrás crear familias de gastos que te permitirá saber si gastas demasiado en algún rubro. Podrás anotar esos gastos mes a mes y realizar comparaciones.
Levántate un poco más temprano y desayuna en casa, el bolsillo y tu salud te lo agradecerán.
Si puedes llévate la comida al trabajo. Cuando compras la comida lista para consumir estás pagando por su almacenaje en condiciones, su elaboración, su envasado o presentación, más los gastos propios del comercio: alquiler, gas, luz, agua, impuestos, seguros, sueldos y aportes; sin olvidarnos de una pequeña ganancia para el dueño.
Ve directo a casa y disfruta de tu familia. Ellos son la razón de nuestros sacrificios y ya pasamos suficiente tiempo fuera trabajando.

En pie de guerra - los teléfonos

Bueno, teníamos dos objetivos definidos he íbamos a concentrar la artillería en ellos, aunque presuponía que algún objetivillo se me estaba escapando.
Con los móviles tenía dos vías de ahorro. Una, la más evidente, era utilizarlos menos. La segunda era buscar un plan de precios que me permitiera seguir dándoles el mismo uso pero pagando menos y aquí es donde necesitaba definir exactamente para que se utilizaban los teléfonos en casa. Básicamente era para: recibir llamadas, llamarnos entre nosotros y llamar a fijos. Así que con esta información salí a buscar ofertas y la cosa quedó así:
El servicio de telefonía fija e internet lo teníamos con Telefónica, una tarifa plana de ADSL con las llamadas a fijos incluidas. Solicitamos el cambio de operador a Vodafone manteniendo el número fijo y las llamadas a fijos gratis, más un plan de Internet móvil con un tope de 200 Mb. y otra línea fija para mi móvil con llamadas a fijos gratis. De esta manera, las llamadas entre mi casa y mi móvil, nos salían gratis. Ahorro mensual: unos 100 €, entre cuotas y consumos.
Esto es válido en nuestro caso y puede que no lo sea tanto en el tuyo. Otras soluciones interesantes que encontré, que no son todas, son las siguientes:
Si usas intenernet, algunos operadores de internet incluyen el mantenimiento de línea y llamadas gratis a fijos en sus ofertas, por desgracia, solo están disponibles en determinados sitios, y mi casa no está en ninguno de ellos.
Si solo llamas a un móvil, Orange ofrece llamadas gratis si llevas a un amigo, o sea, das de alta una línea y al mes das de alta la segunda como un referido, solo tienes que pagar los consumos mínimos y lo que llames a otros móviles.
Si usas muy poco el móvil, Másmóvil es una operadora virtual que no tiene infraestructura propia, usa la de Orange, tiene una tarifa de 0,08 € el minuto y solo 1 € de mantenimiento administrativo mensual si no consumes.
Si haces pocas llamadas de mucha duración, Vodafone tiene la tarifa “Vitamina 60x1” que te permite hablar con otros Vodafone y fijos durante una hora pagando solo el primer minuto.
Si tienes fijo en casa, quítalo, estás pagando 14 € al mes solo por estar conectado, aunque no lo uses, si realmente necesitas un número fijo contrátalo con Vodafone, incluso puedes conservar el número que ya tienes y te dan 1.000 minutos para llamar a fijos. La diferencia es de solo de 1 € más al mes. Asegurate primero de tener buena cobertura en tu casa.

Un último consejo, no te encadenes a ninguna operadora, si tu móvil funciona no necesitas otro nuevo, al coger las ofertas de renovación de móvil de las operadoras lo que estás haciendo es no poder aprovechar las ofertas sobre tarifas de la competencia por los próximos 18 meses.

lunes, 9 de febrero de 2009

La historia de las cosas

En plena Crisis no nos podemos permitir muchos gastos que eran habituales hace solo un par de años. Ya no podemos comprar todo lo que comprábamos. Nuestro nivel de vida se ve mermado. ¿Pero todo eso era realmente necesario?, ¿o es que somos simplemente un engranaje de la economía consumista?.
Estoy empezando a abrir los ojos con respecto al dinero, pero hoy un vídeo me ha abierto los ojos con respecto al consumo.
"La historia de las cosas" de Annie Leonard nos explica como funcionan las cosas, está en nosotros reflexionar y actuar.
Hoy vivimos con el mono del consumismo, se acabó el dinero y no nos podemos dar nuestra dosis diaria..., pero al final, igual es mejor.
Tomemos conciencia y realicemos solo los gastos que nos son necesarios, los otros pueden esperar, igual al final nos acostumbramos. ;-)

Buscando a los culpables

Como comenté anteriormente no soy una persona derrochona, en casa ya habíamos aplicado varias soluciones para evitar el derroche. Algunos ejemplos.
Electricidad: cambiamos las bombillas por lámparas de bajo consumo.
Calefacción: en invierno la calefacción a 19º durante el día y a 15º durante la noche. Es fresquito pero en casa se está poco, evita que nos desabriguemos demasiado al entrar a casa y los cambios bruscos de temperatura.
Lavarropas: siempre con la carga máxima. En casa, con cuatro adultos y dos niños, no era problema.
Agua: ducha en vez de baño. Los niños siguen disfrutando de un baño en bañera por semana, el resto en la ducha como los demás.
Compra: hacíamos un par de compras grandes al mes. Almacenamos en el trastero y en el congelador.
Cocina: cocinamos casi todo en unas ollas de vapor rápidas, sobre placas de inducción. En 7 minutos se cocinan las verduras, en 20 se hace un pollo.
Microondas: solo para calentar comidas ya cocidas.
Horno: las pizzas del finde y poco más, solo lo imprescindible.
Comidas/Bebidas: en casa no se hacen comidas donde la base sea la carne roja, siempre es solo para acompañar, como por ejemplo, pastas con carne estofada. Nos quitamos del vicio de las bebidas colas sobretodo por los niños que no conocen aún la autodisciplina. Tampoco somos de bebidas alcohólicas con las comidas.
Tabaco: mi mujer y yo no fumamos.
Teléfono fijo e Internet: pagábamos una tarifa plana.

Había sin embargo dos conceptos, que sabía se podrían reducir.
Móviles: gastábamos una pequeña fortuna. Entre el 30% y el 40% del dinero que nos quedaba al pagar las cuotas se iba en la factura de los móviles. Conduzco muchas horas y me aburro.
Gustillos: soy camionero y vivo fuera de casa dos o tres semanas seguidas, todas mis comidas son fuera de casa, desayuno, almuerzo y cena. Por ley tengo que parar a hacer descansos para no sobrepasar las 4 horas y medias seguidas de conducción, así que aprovecho para tomarme un cafecito. Los domingos, este yo o no, se sale a tomar el bermuth en el bar, a dar una vuelta y saludar a los vecinos. Tenemos la costumbre de “paparnos” unas patatas fritas y unos refrescos mientras hacemos la compra. Se compran 5 revistas al mes. Las pocas veces que salimos con el coche, si tocaba, cogíamos la autopista.
Ya teníamos dos ganadores, y fuimos a por ellos.

La dura realidad

Armado de mi planilla de cálculo, comencé la tarea. Anoté lo que debía de la hipoteca, el coche, créditos personales, compras en cuotas y tarjetas, cuanto pagaba mensualmente por esos conceptos y el porcentaje de interés que me aplicaban. Siendo sincero, en muchos casos me enteraba en ese momento de cuanto era ese interés.
No estaba preparado para la dura realidad, sabía que sería mucho pero jamás pensé que las cuotas se llevaran las 2/3 partes de los ingresos de mi familia y que más de la mitad de ese dinero fuera para el pago de intereses. Con el 1/3 restante todavía teníamos que pagar la comida, los servicios, el cole de los niños, impuestos, el combustible y el seguro del coche, etc. Me llamó la atención que todos los meses pudiéramos hacer frente a esos gastos con el dinero que quedaba.
La decisión estaba tomada. Tenía que reducir mis deudas y las herramientas eran: reducción de gastos y cancelación anticipada de deudas.

El programa de TV que cambió mi vida

No soy de ver mucha televisión pero ahora me encontraba en casa haciendo reposo y en algo tenía que matar el tiempo. La cadena Cuatro suele poner programas donde puedes aprender nuevas soluciones a problemas de toda la vida, al estilo de “SuperNanny” o “Desnudas” y me enganché con “Ajuste de Cuentas” con Vicens Castellano. Este programa cambió mi vida de manera permanente y definitiva.

La metodología del programa era sencilla y contundente. Cada semana escogían a una familia con problemas financieros y les enseñaban trucos prácticos para retomar el control económico de sus vidas. Me costó bastante tiempo entender el verdadero alcance de esas herramientas.

El primer paso lógico era evitar el derroche. Pero no quedaba ahí la cosa, tenían también que reducir el gasto, o sea que se acababan los cafecitos, las cervecitas, las salidas y todos los gustillos, incluso llegaron a proponer que se deshicieran del coche. Me pareció exagerado, radical e inhumano. “¿Tanto ahorro, para qué?, si podían ahorrar un poco menos y vivir de manera decente. ¡Es demasiado sacrificio!. De acuerdo, están mal económicamente, pero con tiempo de todo se sale”, pensaba.

Luego tenían que conocer exactamente cual era su situación. En mi caso era sencillo, pagaba todo lo que podía y no adquiría más deuda porque no la podía pagar. De todas maneras hice el ejercicio, “los deberes”, como los llamaban en el programa.

domingo, 8 de febrero de 2009

Un poco de Historia - La ley de Murphy

“Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Extensión, “Si varias cosas pueden salir mal, saldrán mal en el peor orden posible”.
Los médicos me dijeron que romperían la piedra con ultrasonidos, que era una intervención no invasiva y sin post-operatorio, y que en menos de una semana estaría de vuelta en casa. Aquí es donde empezó a actuar la ley de Murphy.
A la piedra los ultrasonidos le hicieron poco más que cosquillas, rompiendo solo una capa exterior, así que me volvieron a programar otra sesión donde utilizarían más potencia por más tiempo. La piedra resistió, solo se movió un poco, lo suficiente para taponar el riñón, aunque en ese momento no lo supiera.
Ya era la segunda semana que llevaba ingresado y veía que el dinero no nos iba a alcanzar para pagar las cuentas del mes siguiente. Disponía de una línea de crédito pre-aprobada en uno de los bancos con los que trabajaba y lo hice efectivo. Daba igual, en poco tiempo retomaría mi vida y ya pagaríamos este imprevisto.
Cuando se hizo evidente de que a la piedra había que tomarla en serio ya era tarde. Me programaron una intervención con láser que tuvimos que posponer porque ya tenía una infección en el riñón derecho y hubo que poner un catéter de urgencia para drenar y liberar la presión. Ningún cirujano en su sano juicio opera si cree que puede haber infección, si la infección pasa a la sangre ya tienes un boleto para el otro barrio. Así que había que esperar a controlar la infección para volver a programar la intervención.
Llegó el momento de resignarme, para mi asombro lo tomé con serenidad, aunque es posible que fuera por las tres clases de calmantes que me rotaban cada ocho horas. No podía pagar y comencé a llamar a los bancos, tarjetas y servicios para comunicarles mi situación y para enterarme de cuales eran mis opciones, que básicamente eran cuatro, esperar y asumir los gastos, intereses y punitorios, unificar préstamos, refinanciarlos o reducir su pago mínimo mensual. No estaba negociando, solo quería aferrarme a cualquier soga que me tiraran, no quería seguir hundiéndome en mis deudas y ya habría tiempo luego para pagar una vez recuperara mi vida. Algunos actuaron rápidamente, reduciendo los pagos mínimos, incluso algunos servicios me ofrecieron, solo durante unos meses, un porcentaje de descuento sobre lo que me facturaban a fin de que me fuera posible el pago. Otros se tomaron su tiempo, y hasta no verme reincorporado al trabajo no me dieron una respuesta. Mientras tanto veían como mi deuda inmediata se incrementaba regularmente gracias a los gastos por notificaciones de posición deudora, peticiones de pago, intereses por mora, punitorios y gastos de devolución de recibos.
La piedra, su operación, la posterior inflamación de la próstata y su tratamiento me tuvieron fuera de la actividad durante dos meses. Hicieron falta otros dos meses para que los bancos me unificaran las deudas y las refinanciaran. Había recuperado mi vida.

PD: Aquí quiero destacar algo, es increíble la cantidad de empresas de servicios no imprescindibles que ante la posibilidad cierta de perderte como cliente te ofrecen planes de descuentos. Haz la prueba, te sorprenderás gratamente.

Un poco de Historia - The Rolling Stone

En el año 2008, después de estar al borde del desastre financiero y económico durante casi toda mi vida, finalmente sucedió. Una pequeña piedra de 7 milímetros de diámetro me quitó de mi vida.
En aquel tiempo trabajaba de chófer, transportando mercancías a otros países de la Unión, conduciendo un camión de 17 metros de largo y 40 toneladas de peso. Estos camiones son de un manejo muy sencillo una vez que te has habituado a sus dimensiones, tienen una velocidad máxima permitida de 90 Km/h y yendo a esa velocidad necesitas unos doscientos metros para frenarlo de forma controlada. Dedicaba al día unas 9 o 10 horas a conducir y era habitual que pasaran varias semanas antes de volver a casa.
Cuento todo esto porque quiero dejar bien claro lo afortunado que he sido, un cólico renal es algo “tremendamente doloroso”. Una enorme piedra empujando por conductos diminutos por donde hasta ahora solamente había pasado líquido, lastimando, desgarrando. Un dolor tan agudo que no te deja pensar. Estoy seguro que todo hubiera acabado en desastre y posiblemente en tragedia si me hubiera ocurrido mientras conducía.
Pensemos por un momento a que me tendría que haber enfrentado.
Tendría que haber controlado el camión y mis propios reflejos de dolor. Al mismo tiempo mantenerme atento al tráfico y a la carretera para poder quitar el camión y aparcarlo en un sitio donde no causara accidentes. Suena fácil, ¿verdad?, es lógico y hasta evidente, aunque me considero una persona muy responsable hacía los demás, quién sabe cuales habrían sido mis reacciones en ese momento. Y a esto habría que sumarle la posibilidad de que me sucediera en el
extranjero, otro idioma, papeleos, el susto de mi familia, la distancia. Habría sido un infierno.
Pero por suerte no fue así. El cólico me dio en mi casa a la hora y media de llegar de un viaje de tres semanas, en ese momento mi vida tal cual la conocía hasta ese momento me fue arrebatada.
Me refiero a la vida que detallaba anteriormente, esa vida cómoda y sin grandes sobresaltos, esa vida segura y conocida, esa vida a la que quería volver a aferrarme como un naufrago a una boya en un mar embravecido. La única solución que veía en mi cabeza era volver cuanto antes a mi vida para que todo volviera a la normalidad.

Un poco de Historia - La carrera de las ratas

He titulado esta entrada “La carrera de las ratas” porque la descripción que hace Robert Kiyosaki en su libro “El flujo del dinero” de como las personas de clase media entienden y tienen tratos con el dinero se ajustaba perfectamente a mi mismo.
Trabajaba muy duro todo el mes para poder pagar mis cuentas: una hipoteca, la letra del coche, un crédito personal para amueblar la cocina, otro que utilizamos para cubrir agujeros de un tiempo anterior, tarjetas de crédito bancarias, de grandes almacenes y de cadenas de supermercados, la comida, los servicios, los gastos del coche y del cole de los niños, ropa, impuestos y un largo etcétera. A fin de mes, luego de algún gustillo no nos quedaba nada. Y así todos los meses.
Me quedaba la tranquilidad de que los préstamos tienen un plazo, por tanto, solo tenía que seguir trabajando para hacerme de dinero para pagar las cuotas y en algún momento esas deudas desaparecerían. No pensaba en el tema, ya lo digo, solo tenía que trabajar y las cuentas se cancelarían solas, canceladas las cuentas tendría una mejor calidad de vida y todos felices.
Me levantaba cada mañana para trabajar pensando que aunque no lo notara cada día estaba más cerca de mis objetivos y por tanto, aunque lentamente, avanzaba.
Cuando veía que a algún crédito le quedaban un par de meses para pagarlo totalmente ya estaba pensando en que iba a tener un dinerito extra y que ya era hora de darme algún gustillo.
Siempre pensé que el ahorro atraía las desgracias, era de utilizar frases como: “juntas dos y te viene un imprevisto por tres” o “mis problemas no se arreglan juntando de a 10 euros”. Así que me dedicaba a lo que había aprendido, gastarme tan pronto pudiera el dinero antes de que se depreciara a causa de la inflación. Todo un economista.
Llegaba fin de mes, no nos quedaba nada o incluso alguna pequeña cuota que teníamos que posponer y me sentía satisfecho conmigo mismo, un mes más había cumplido con mis responsabilidades de padre y esposo. Y vuelta a empezar.

Un poco de Historia - Mi relación con el ahorro

A pesar de lo que pueda parecer a simple vista no soy una persona derrochona, no me gusta gastar de más, si derrocho no puedo darme “gustillos” y entonces ¿para que trabajo?, ¿solo para pagar cuentas?. Me gusta tener algo de efectivo para tomar un café o una cerveza, para invitar a mi familia el bermuth de los domingos o para salir al cine o a cenar.
Así que estaba familiarizado con el ahorro en casa, la calefacción, el agua, la luz, el teléfono y demás, para lo que no estaba preparado era para ver el fin que hay detrás del ahorro.
Como comenté anteriormente no me gustaba el ahorro. ¿Porque esperar para comprar algo tres meses si lo puedes tener ahora y pagarlo los próximos tres meses, mientras lo estoy disfrutando?. Además, siempre aparece algún imprevisto, y el dinero que ahorrabas para tu “juguete” lo tienes que dedicar a alguna otra cosa. Y las cuotas son muy pequeñas, con ese dinero no podrías hacer diferencia. “Mis problemas no se resuelven juntando de a 10 euros”, decía.
Conocía un camino y transitaba por el una y otra vez, lo conocía tan bien que lo podía recorrer con los ojos cerrados. Efectivamente, estaba ciego.